Si se aprovecharan los alimentos naturales tal como los ofrece la naturaleza, no tendríamos problemas de salud. El conocido médico chileno Rafael Lezaeta dice: "El hombre no se alimenta de lo que come, sino de lo que digiere. Puede comerse mucho y digerirse poco" (Manual de Alimentación sana, p, 47). Los investigadores de la salud han comprobado ampliamente que al apartarse el ser humano de la naturaleza y transgredir sus leyes, se enferma irremediablemente. Si aprovechara los alimentos naturales (frutas, verduras, cereales, tubérculos, nueces, almendras) tal como los ofrece la naturaleza en las distintas estaciones del año, no tendría problemas de salud, porque esos productos serían refrescantes, puruficadores, digestivos, vitalizadores y sanos. El Dr. Lezaeta hace este apropiado comentario sobre el tema: "Desgraciadamente ha perdido su instinto, ofuscado su mente, errado su juicio y degenerado sus costumbres primitivas, al extremo de llegar a comer todo lo que encuentra a mano, sin tasa ni medida, guiado tan sólo por su capricho. Se le oye decir: " Esto me gusta y lo como, esto otro no me gusta y no lo como". Olvida, en tanto comer lo que necesita y conviene a su salud". El gusto y las preferencias por determinados alimentos sólo entorpecen el proceso de la nutrición del cuerpo. Es necesario saber qué necesita el cuerpo para formar y reparar sus tejidos y obtener la energía necesaria para ejecutar la multiplicidad de funciones indispensables para mantenerlo con vida. Y hay que conocer también la forma de preparar los alimentos de modo que resulten apetitosos, y sin destruir sus propiedades vitalizadoras. 

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