Ojos que no ven, corazón que sí siente
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Las palabras no pueden transmitir los sentimientos tan profundos que tuve… ya nos habían informado que la clase del sábado la dirigiría un profesor de yoga que nos visitaba desde Brasil, que fue campeón de surf y además escala en roca. Su vida nos parecía envidiable; su casa está a 50 metros del mar, desde donde se despierta, desayuna, práctica surf, espera a sus alumnos de yoga, para luego en la tarde, descansar. Así de pronto me encontré con Figue, sentado al frente y pareciendo mirar a cada uno de los treinta y tantos en la sala… la sensación fue indescriptible, de paz, calma, tibieza y sobre todo un ofrecimiento personal totalmente sumergido en amor incondicional.

Me causaba una enorme curiosidad como es que una persona completamente ciega, podría enseñarnos y más aún llevar la clase, donde las posturas de yoga requieren un sinfín de detalles. ¡Cómo es que lo hizo para moverse con total desenvoltura y sin un ápice de miedo en su andar!. No creo haber sido la única desconcertada con su seguridad, aceptación y conexión… todo era amor y protección. Extrañamente, sentía como si Figue estuviera viendo mucho más que cualquiera de nosotros.

Durante la relajación, me envolvió una sensación arrolladora de pertenencia, de estar en mi hogar y felicidad… al final del día sabía que había una razón por la que estuve ahí. Uno de los propósitos es amarnos y ayudarnos los unos a los otros, a ser concientes de la maravilla de la existencia.

Hoy desperté pensando en mis miedos y en como esta sociedad nos conduce al temor. ¿Qué sería de mi vida actual, si a los 16 años hubiera tenido un accidente de tránsito que me dejara con una deficiencia visual? Es dificil visualizar una respuesta, tanto así que se me empieza a agitar el corazón. Claramente no me imagino como Figue… y es que cuantas veces he pensado que preferiría quedarme sorda y muda a la vez, pero nunca ciega. El miedo se origina en esa trampa irreal en la que nos encierra la mente con sus apegos… a medida que profundizamos en la dimensión real, los apegos van cayendo y el miedo desaparece.

 Toda la experiencia fue especialmente signficativa para mi. Se trata de no tener ambición de resaltar y controlar… se trata de encontrar tu propio camino, profundizando en aquello que tienes que trabajar. Hay que tomarse tiempo, disfrutar y vivir con lo que estás haciendo. Los problemas de la vida no tienen solución simplemente por hacer yoga, pero espero que la sensibilidad que se desarrolla y despierta a través de la práctica, nos ayude a vivir en armonía y con más claridad. No se pueden evitar los problemas de la vida, pero sí nos podemos permitir vivirlos diferente.

En la sociedad actual, trascendiendo así el significado de ceguera más allá de la propia enfermedad física. ¿cuál sería nuestro grado de responsabilidad como personas que “nos han mostrado la luz” en un mundo de ciegos?. Como futura profesora de yoga, tengo claro que se requiere un alto grado de compromiso y honestidad, ya que las consecuencias de una enseñanza deficiente, no sólo pueden complicar al alumno físicamente a través de lesiones corporales, sino que lo desanimará a continuar por este camino. Un aspecto completamente significativo para mi, sería poder transmitir toda esa cercanía que Figue en pocos minutos, logró con nosotros.

Mientras escribo me pregunto, ¿será una condición nuestra, la de los occidentales, que no confiamos en sus beneficios y tenemos que tocar fondo para tímidamente acercarnos al yoga?

Siempre hay una “puerta de entrada” al Yoga y, claro, una de “salida”… las cuales están siempre abiertas para quien quiera cruzar una de ellas. Las razones para atravesar la de entrada pueden ser muchas y a veces se pueden notar un tanto superficiales. Pero todo motivo es válido y tanto las circunstancias que nos ocurren como las decisiones que tomamos, siempre son por algo. Estas motivaciones pueden ser parte de la búsqueda de bienestar físico, terapéutico, realajación, curiosidad y/o espiritual y como futura profesora, sería un honor facilitar una parte del trayecto, siendo alumnos y profesores compañeros de viaje.

Figue es un ejemplo de determinación, fuerza y superación ante la vida… y yo me siento pequeña al lado de personas así.

La noche de la ceguera tiene sus encantos… He andado con personas cuyos ojos están llenos de vida, pero que, desgraciadamente, no saben descubrir nada en un bosque, en el mar, en el cielo; nada en las calles de la ciudad y, lo que es peor, nada tampoco en los libros… Ellos, que ven, disponen de los gloriosos espectáculos de las puestas de sol, de las rosadas auroras, de los admirables velos purpúreos que envuelven las colinas distantes y, sin embargo, navegan a través de ese mundo encantado con un mirar árido e inútil.

Keller Helen, El mundo donde vivo, Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1945, pp. 85-86.

Autora: Yasmin Rebolledo

 

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