| Mi vida sin televisor |
|
Hace casi dos años, decidí que mis hijos no iban a mirar más televisión. Sí, lo leíste bien. No más televisión. En aquel entonces, no tuve ni idea cuánto afectaría y cambiaría nuestras vidas. Hoy sé que fue una de las mejores decisiones que jamás hice, pero no ha sido fácil. Una tarde de noviembre -temporada alta para las listas de deseos- oí a mi hija, entonces de tres años, decir "quiero esto" viendo algún pedazo de plástico rosado anunciado en la televisión. Mi hijo de cinco, demasiado generoso, volvió hacia ella y dijo, "OK, lo puedes tener." Entonces supe que los anuncios tuvieron que irse. Así que hice la proclamación que no íbamos a ver más televisión. "Si quieren mirar algo," dije, "tiene que ser un video." Entonces vinieron los argumentos de que video mirar, y la proclamación se cambió a: "Si quieren mirar un video, tienen que escogerlo juntos." Pronto, dejaron de pedir videos completamente. Entonces comencé a ver cambios en nuestro estilo de vida. Al principio fueron sutiles. Mis hijos comenzaron a jugar juntos más y pelear menos. En vez de actuar escenas de películas conocidas o programas de televisión, comenzaron a crear sus propias historias. Mi hijo tuvo menos berrinches. Vivimos una semana entera sin la televisión - y no nos hizo falta. Recuerden, nunca fui fanática en eso. Si mis hijos estuvieron enfermos, o si el tiempo fue horrible por largo rato, miramos un video. Y este invierno, cuando hizo mucho frío, alquilamos una película como familia, y mis hijos pensaron que fue lo mejor que habíamos hecho durante meses. Aparentemente, mis experiencias al limitar las horas de televisión son apoyadas por muchos expertos del desarrollo durante la niñez, quienes están de acuerdo en decir que los niños deben mirar menos televisión. Un estudio reciente dirigido por Dr. Dimitri Christakis, un investigador en el Hospital de Niños y Centro Médico Regional en Seattle, expone que la rapidez del cambio de las imágenes en la televisión causa una respuesta tan rápida en el cerebro de un niño que cambia su actividad cerebral después de estar expuestos por un periodo prolongado. Como resultado, explica Christakis, los niños que miran mucha televisión tienen mayor posibilidad de presentar problemas de atención. Claro, yo no sabía nada de esto cuando corté la televisión en nuestra casa. Pero los cambios que he visto ciertamente apoyan las conclusiones de estas investigaciones. También lo apoyan los comentarios de otros padres (y el hombre en la tienda de videos) quienes lamentan que los niños de hoy parecen no poder sentarse a mirar las películas más viejas porque son tan 'lentas' y no los mantienen atentos. Ahora que la televisión es algo especial en mi casa, mis hijos se fascinan con ella. Pueden mirar las películas para niños más viejas y más lentas con ojos radiantes de asombro y maravilla. Otros beneficios salieron también. Mis hijos no se interesan en las modas pasajeras como antes cuando vieron todos los anuncios en la televisión cada tarde. Saben lo que hay - escuchan de los juguetes, comida, y moda de sus amigos - pero parece que no les importa. Ahora, cuando hablan de algo que quieren, sé que los motiva algo más importante que un inteligente plan de mercadeo. Más importante, siento que, de alguna forma, protejo a mis hijos. Las noticias no son para los niños. Las tribulaciones del mundo los encontrarán con tiempo suficiente. Por un tiempo - sólo un tiempito - quiero que estén protegidos de los conceptos muy adultos de guerra, crimen, odio y sexo. No podré mantener el mundo a raya para siempre, pero quizás lograremos pasar por el pre-escolar y primer grado. Siempre fui una madre muy vigilante con la televisión. Casi todo lo que miraron mis hijos fue lo que llaman "programas educativos." Ahora sé que usé los programas como una muleta. Cuando quería hablar por teléfono, leer un libro, o cocinar sin la "ayuda" de mis hijos, tenía la televisión para mantenerlos quietos. Cuando desenchufé al cuidador de los niños, tuve que buscar un nuevo plan. El que encontré fue sencillo: fomentar el juego de tiempos pasados. Sí, así mismo. Jugar sin estructura, súper-sucio y desordenado, sin instrucciones. No llenamos el tiempo con lecciones; montamos una mesa de arte con libros para colorear y cantidades de papel blanco. Ahora sus imaginaciones dominan. Mi hija vive como una princesa en un mundo rosado. Un mundo lleno de muñecas y aventuras de su invención donde ella es la más inteligente y más hermosa niña en el mundo. Mi hijo vive en la tierra de LEGO, un territorio pequeño con una frontera al país de las patinetas. El patio de atrás es una jungla o un océano o un volcán, completo con cataratas (de la manguera) y pasteles de fango. Pintamos y pegamos. Construimos comederos para los pájaros y atrapamos bichos y buscamos lombrices. Sí, lavo mucha, mucha ropa. ¡No puedo esperar el verano! Sé que usaremos más spray para quitar bichos que el vecindario entero - porque estaremos afuera contando flores, criando vegetales y mirando para ver cuanto tiempo necesitan las hormigas para encontrar las migajas. Mi casa estará sucia, mis hijos también. Pero seremos una familia más unida y activa. No sé si la regla de no-televisión serviría para otros. Pero sí sirve para nosotros. Descanso por la noche al pensar que mis hijos crean memorias que no tienen nada que ver con lo que está haciendo la caricatura más popular. Y descanso por la noche al pensar que tanto ellos como yo estamos cansados. Y es bueno sentirse así. Greer Bowen Beaty es una madre trabajadora con dos niños y vive en Cary, Carolina del Norte, EEUU. |
Greer Bowen Beaty