INTRODUCCIÓN
1. EL DESPERTAR
Cada día nuestra sociedad se hace más compleja. Los cambios suceden tan vertiginosamente que uno se ve obligado a adaptarse muy rápidamente, aun sin tener en claro qué es lo que quiere lograr en la vida. Hasta que un día se da cuenta que no está de acuerdo con nada, ni consigo mismo ni con nadie. Entonces decide poner unas pocas cosas en la mochila, dejar la casa paterna, abandonar las tradiciones, la patria, la razón y… salir (o huir). Aun sin saber a dónde, sólo desea partir. Según el psicoanalista suizo Carl Jung, este es el testimonio de una insatisfacción que expresa un profundo deseo de cambio interior, una necesidad de experiencias nuevas, y que impulsa al ser humano hacia la aventura y lo desconocido. Hacia la búsqueda de nuevos horizontes y metas. No importa si ha de transitar solo por los vientos del desierto, o por los bosques oscuros y valles encantados. No importa si ha de ascender solo por las heladas montañas o descender por los abismos sombríos. Importa solamente su despertar y anhelo por
descubrir el centro de este gigantesco laberinto que lo tiene atrapado, encontrar su verdadera identidad y el sentido de la propia existencia. Así aparece el reto o añoranza de comenzar “el gran viaje de la vida”, que representa la existencia humana misma. De allí la metáfora: “La vida es un viaje”. Ese traslado de un lugar a otro diferente, se efectúa en el propio interior del Ser. Se viaja afuera para viajar adentro.
El arquetipo del viajero que ha tomado distintos matices a lo largo de la historia, desde Ulises hasta el lector nómade de las múltiples máscaras, nos enseña a sortear todos los obstáculos y a luchar contra todos los minotauros de la existencia para salir victoriosos de este gran laberinto de confusiones. El filósofo e historiador rumano Mircea Elíade indica que en muchísimas creencias es difícil llegar al centro. Es una meta ideal que sólo se puede alcanzar después de un “duro viaje”.
“Alcanzar el centro es consumar una consagración, una iniciación. A la existencia profana e ilusoria del ayer sucede una nueva existencia, real, duradera y poderosa.”.
2. EL GUÍA O MAESTRO ESPIRITUAL
El laberinto es un camino tortuoso, en el que es muy fácil perderse si no vamos con un guía o el hilo rojo de Ariadna. Sin un guía el viajero corre muchos peligros (obstáculos, minotauros, fuerzas diversas que nos arrastran por doquier). Antes de emprender este gran viaje debemos procurarnos la ayuda de un guía perfecto, alguien versado en el gran viaje, en las escrituras y verdad reveladas. De hecho, desde su nacimiento el hombre necesita un profesor. Nada aprende sin un maestro. ¿Quién puede vencer los peligros de la mente sin la ayuda de un maestro espiritual? Sin él, nadie puede cruzar el vasto océano de la existencia material y llegar al centro de este espantoso laberinto. Sólo por su gracia podremos trascender los distintos cuerpos que nos apresan y viajar de un estado de conciencia a otro más elevado y profundo, hasta realizar nuestra verdadera identidad de ser seres espirituales en unión amorosa con el Señor Supremo. El maestro espiritual es nuestro guía y divino guardián en este viaje de regreso al verdadero hogar. Él es quien ilumina nuestro camino.
3. EL VIAJERO INBOUND

Esta tendencia a viajar -dice Srila Prabhupada - se encuentra presente en toda entidad viviente como parte de su evolución. Es el eterno llamado del Señor Supremo invitándonos a su dulce morada trascendental, espiritual o divina. El Viajero Inbound es quien despierta a este llamado. Comienza examinando su sufrimiento e inquiriendo por qué sufre, de dónde vino, quién es él, cuál es el verdadero sentido de su vida y a donde irá después de la muerte. Sólo el maestro espiritual ha de responderle estas enigmáticas preguntas; y por su gracia comprenderá que al buscarse a sí mismo había estado buscando a Dios al mismo tiempo, y al encontrarse a sí mismo como una parte o porción de Dios el Ser Espiritual Supremo, comprenderá también que no pertenece a este mundo. Este encuentro o comprensión de sí mismo ocurre simultáneamente con la comprensión de Dios. Así, él inicia su viaje místico hacia el encuentro de la Persona Divina hasta que finalmente su verdadero Ser o alma es arrebatada y transformada por el éxtasis de tal encuentro amoroso. El más valioso equipaje del Viajero Inbound es la fe. Como bien dijo el filósofo y teólogo danés Kierkegaard, “la fe comienza precisamente donde termina la razón”.