Edición No. 74 del 1 al 15 de septiembre de 2007

Un saludo desde Medellín - Colombia.

Estar bien contigo mismo conquistando tu paz interior, tener una mente clara y libre de preocupaciones, poder pensar con lucidez y dar a cada cosa la importancia que merece, sin que te afecte más de lo que debe afectarte. ¿Un sueño? ¡No! La meditación convierte todo esto en una realidad.

Todos tenemos nuestros conflictos, nuestros problemas y nuestra diaria carga de estrés. Somos presa fácil de la depresión y de la neurosis. Claro, dirás, vivimos en un mundo tremendamente agitado y demandante, donde tenemos que funcionar a mil por hora y resolver un millón de cosas cada día. ¿Cómo no sentir a veces que no podemos más, que somos impotentes, que estamos atrapados en una especie de red de la que no podemos escapar? Bien, la respuesta nos viene de tiempos milenarios, directamente de la India, uno de los países espiritualmente más avanzados del mundo. Se llama meditación, y es una verdadera llave que nos da acceso a nuestro mundo interior.

Muchas gracias,


Un gran abrazo a todos y ¡hasta el próximo boletín! ¡Espero sus mensajes!

Hari Bol!

Aspirando a servirlos,
Radha Charan



LEY NATURAL

Los preceptos que la ley natural impone como condición para mantener la normalidad orgánica, vale decir la salud, quedan comprendidos en 10 mandatos y son:

1. Respirar siempre aire puro
2. Comer exclusivamente productos naturales
3. Ser sobrios constantemente
4. Beber únicamente agua natural
5. Tener suma limpieza en todo
6. Dominar las pasiones, procurando la mayor castidad
7. No estar jamás ociosos
8. Descansar y dormir sólo lo necesario
9. Vestir sencillamente y con holgura, y
10. Cultivar todas las virtudes, procurando siempre estar alegres.

TRABAJAR SIN EGOÍSMO

Tratándose del mismo trabajo, una persona con conciencia de Dios y otra con conciencia material, parecieran trabajar en el mismo plano, pero hay un gran abismo entre sus respectivas posiciones.

La persona materialista está convencida por el ego falso que es ella la autora de todo. No sabe que se encuentra bajo el control del Señor Supremo, porque el mecanismo de su cuerpo lo produce la naturaleza material quien trabaja bajo la supervisión del Señor; por lo tanto, todas sus actividades mentales y corporales deben ocuparse en Su servicio. La persona con ego falso se jacta de hacerlo todo independientemente y se atribuye todo el mérito de ello; ése es el signo de su nesciencia. En cambio, la persona consciente de Dios está convencida de la difícil posición en que se encuentra asociada con la materia.

Sabe que es parte integral de la Suprema Personalidad de Dios, y por consiguiente, no debe estar atrapada de ninguna forma en este mundo material. En el estado puro de su existencia, ella acopla sus actividades con el servicio amoroso que se le presta al Señor Supremo, ocupándose de actividades del proceso de la conciencia de Dios y quedando naturalmente desapegada de las actividades de los sentidos materiales que son circunstanciales y temporales. En consecuencia no le perturba ninguna clase de reacciones materiales.



RENUNCIAR A LOS FRUTOS DE LA ACCIÓN

Tienes derecho a desempeñar
tu deber prescrito, mas no
a los frutos de la acción.
Nunca consideres que eres
la causa de los resultados de
tus actividades, y jamás
te apegues a no cumplir
con tu deber.”
(El Bhagavad Gita, 2.47)


Cierta vez en Madrás, India, unos jóvenes fueron a visitar un barrio a las afueras de la ciudad. Encontraron tan sucio el lugar que decidieron limpiarlo. Limpiaron las calles, las casas, bañaron a todos los niños y dejaron el barrio impecable. Los jóvenes se sintieron contentos de ayudar a aquella gente, de enseñarle a limpiar y a mantenerse limpia. Una semana después cuando regresaron, encontraron todo sucio otra vez. Se consolaron pensando que aquella gente no aprendería en un solo día. Volvieron a limpiarlo todo y lo dejaron tan impecable como la vez anterior. A la tercera semana, regresaron y sucedió lo mismo. Las tres semanas siguientes no regresaron por x motivos; pero cuando volvieron, la gente les preguntó con cierta exigencia: “¿Qué les pasó la semana pasada? ¿Por qué no vinieron a limpiar?” En ese momento, ellos se sintieron frustrados y pensaron: “Tratamos de hacer algo bueno, pero esta gente no colabora.”

El trabajo en sí no nos frustra. Lo que nos frustra es el no conseguir los resultados esperados. Siguiendo el ejemplo anterior; durante las primeras semanas, aquellos jóvenes hicieron su trabajo muy contentos, sin frustración alguna. Si el trabajo fuera causa de frustración, no hubieran sentido satisfacción. La causa de frustración es la espera de resultados. Los jóvenes hicieron el trabajo con buena actitud, pero la espera es mala actitud. En cuanto uno progresa haciendo lo bueno, empieza a tener expectativas. La alegría de hacer un buen trabajo es interna, en cambio el deseo por los frutos de nuestras acciones es externo. Cuando el centro está dentro, somos felices. Cuando está afuera, somos perturbados y nos ponemos ansiosos por los resultados; y si no son los esperados nos frustramos y decepcionamos. “Hice un buen trabajo, pero no tuve buenos resultados.” Uno hasta puede perder la fe en el buen trabajo. Sin embargo, una buena acción siempre tendrá sus buenos frutos, aún cuando éstos lleguen tarde y uno ya no esté para verlos.

CUENTO PARA EL ALMA

GAUTAMA Y SATYAKAMA

Ya el sol se había puesto entre el enredo del bosque sobre los ríos.

Los niños de la ermita estaban sentados al fuego, oyendo a su maestro Gautama, cuando llegó un niño desconocido y lo saludó con flores y frutos. Luego, tras una profunda reverencia, le dijo con voz de pájaro:

"Señor Gautama, vengo a que me guíes por el Sendero de la Verdad.

Me llamo Satyakama"

"Bendito seas -dijo el Maestro- ¿Y de qué casta eres, hijo mío? Porque sólo un brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría".

Contestó el niño:

"No sé de qué casta soy, Maestro; pero voy a preguntárselo a mi madre".

Se despidió Satyakama, cruzó el río por lo más estrecho, y volvió a la choza de su madre, que estaba al fin de un arenal, fuera de la aldea ya dormida.

La lámpara iluminaba débilmente la puerta, y la madre estaba fuera, de pie en la sombra, esperando la vuelta de su hijo.

Lo cogió contra su pecho, lo besó en la cabeza y le preguntó qué le había dicho el Maestro.

"¿Cómo se llama mi padre? -dijo el niño- Porque me ha dicho el Señor Gautama que sólo un brahmín puede aspirar a la suprema sabiduría".

La mujer bajó los ojos y le habló dulcemente: "Cuando joven yo era pobre y conocí muchos amos. Sólo puedo decirte que tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido".

Los primeros rayos del sol ardían en la copa de los árboles de la ermita del bosque. Los niños, aún mojado el revuelto pelo del baño de la mañana, estaban sentados ante su Maestro, bajo un árbol viejo.

Llegó Satyakan, le hizo una profunda reverencia al Maestro y se quedó de pie en silencio.

"Dime -le preguntó el Maestro- ¿Sabes ya de qué casta eres?"

"Señor -contestó Satyakama-, no sé. Mi madre me dijo: Yo conocí muchos amos cuando joven, y tú viniste a los brazos de tu madre Jabala, que no tuvo marido".

Entonces se levantó un rumor como el zumbido iracundo de las abejas hostigadas en su colmena. Y los estudiantes murmuraban entre dientes de la desvergonzada insolencia del niño sin padre.

Pero el Maestro Gautama se levantó, trajo al niño con sus brazos hasta su pecho, y le dijo:

"Tú eres el mejor de todos los brahmines, hijo mío; porque tienes la herencia más noble, que es de la verdad".

RECETA



CREMA DE ZANAHORIA

INGREDIENTES:

- 1 zanahoria
- 1 remolacha
- 2 papas criollas
- Sal
- crema de leche
- Cilantro

Preparación:

Colocar a cocinar las papas con la zanahoria y la remolacha, cuando esten blandas dejar enfriar y pasar por la licuadora.

Agregar la crema de leche, el cilantro y la sal.

Ofrecerla al Señor y ya está lista para degustar y compartir con tus amigos.

HARI BOL!!!!

Hasta pronto,
Siempre a su servicio,
Radha Charan

www.yogainbound.org

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