LA LEY DEL KARMA

“Si quieres conocer el pasado mira el presente que es su resultado.
Si quieres conocer el futuro, mira al presente que es su causa”

Buda

INTRODUCCIÓN

Así como el universo físico está gobernado por leyes físicas, tales como la ley de la gravedad; el universo sutil también está gobernado por leyes sutiles, tales como la ley del karma y la ley de la transmigración de las almas. La ley del karma se refiere a la ley natural de Causa y Efecto, cuyo principio es: “A cada acción le corresponde una reacción igual y opuesta.” Es muy semejante a la tercera ley del movimiento de Newton que se aplica a todos los objetos materiales. Sin embargo, esta ley física también opera en un campo más sutil que es el reino de la conciencia. No pueden existir acciones o acontecimientos sin sus causas correspondientes. En la Biblia se habla de la ley del karma como la ley del talión: “Ojo por ojo, diente por diente”, “Con la misma vara que mides serás medido”, “Quién a hierro mata, a hierro muere”, “Lo que siembres, cosecharás”, “No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti.” Comprender esta ley inmutable, nos hace conscientes de que nuestro futuro es el resultado de las decisiones que tomamos cada instante de nuestra vida. Si deseamos ser felices debemos sembrar las semillas de la felicidad. Si optamos conscientemente por acciones que causan alegría y éxito a los demás, seremos felices y exitosos sin duda alguna. En todo momento de nuestra existencia estamos en el campo de las infinitas posibilidades. Algunas veces las elegimos conscientemente y otras inconscientemente. La mejor manera de comprender y liberarnos de la ley del karma es cumpliendo siempre con los principios del Karma Yoga Inbound y ser cada vez más conscientes de las decisiones que tomamos día a día. Cuanto más traigamos nuestras decisiones al plano de la conciencia, más podremos escoger aquellas que sean correctas espontáneamente, tanto para nosotros como para todos quienes nos rodean.

¿QUÉ ES KARMA?

Karma es la ley de acción y reacción, según la cual toda acción que los seres humanos ejecuten, sea buena o mala, deberá recibir su correspondiente reacción. La palabra karma en sánscrito significa “acción y reacción”, o trabajo con sus respectivos frutos. Cualquier acción física, verbal o mental es karma. Karma incluye tanto la causa como el efecto. No existe la mera casualidad o accidente. Nada ocurre sin una causa definida. Nuestras acciones están destinadas a reaccionar sobre nosotros con igual fuerza y efecto. Si una persona daña a otra, realmente se está dañando a sí misma. Una acción incorrecta trae miseria y dolor. Y si hace algo bueno por otra persona, se está ayudando a sí misma. Las acciones virtuosas traen gozo y felicidad. Todo es karma. Nuestra vida actual es el resultado de nuestro karma pasado, y nuestras acciones presentes están creando nuestro karma futuro. La vida del ser humano es el resultado directo de sus actividades. Buenos pensamientos, palabras y obras conducen a una vida feliz; mientras que malos pensamientos, palabras y obras, conducen a una vida infeliz.

Detrás de toda acción, existe el deseo y el pensamiento.
El deseo por un objeto surge en la mente, luego, uno piensa cómo conseguirlo, y después, se esfuerza por poseerlo. Los deseos producen karma. Uno trabaja y se esfuerza por adquirir los objetos de sus deseos, el karma produce sus frutos, sean placenteros o dolorosos; luego, uno tiene que tomar un nacimiento tras otro para cosechar los frutos de ese karma. Esa es la ley del karma. Deseo, pensamiento y acción van siempre juntos. Son los tres hilos que giran la cuerda del karma atándolo a uno a la rueda del eterno retorno o samsara: el nacimiento y muerte repetidos.

La Suprema Personalidad de Dios en su forma de Paramatma es quien controla, en última instancia, el cumplimiento de la ley del karma. Debido a que Él habita en nuestros corazones, conoce todo lo concerniente a nuestras actividades en cada etapa de nuestra vida, y de esa manera, Él recompensa con reacciones nuestras acciones y nos coloca en un lugar determinado.
Mientras mantengamos el concepto corporal de la vida, tenemos que acatar las leyes de la naturaleza material, así como también las leyes del estado y todas las demás leyes. Este cuerpo recibe el nombre de condicionado, debido a que está sujeto a diferentes condiciones, y sin importar la condición a la que estemos sujetos, se nos considera responsables de todo lo que hagamos. Si no expiamos las actividades pecaminosas que cometemos mientras nos hallamos en este cuerpo, tendremos que sufrir en el siguiente cuerpo, pues recibiremos otro cuerpo conforme a nuestro karma. Esa es la ley de la naturaleza. Por lo tanto, los sastras nos recomiendan que nos sometamos a una expiación acorde con la gravedad de nuestras actividades pecaminosas. Uno debe seguir los métodos de expiación que se prescriben en los sastras, pues de lo contrario no hay salvación.