Hoy vivimos en un mundo de constante estrés, siempre de cara al exterior, que nos impide conocer nuestra esencia o naturaleza interna. Esto hace que nos sintamos frustrados, inquietos, tensos y en consecuencia, enfermos. Para el yoga la enfermedad es una falta de vitalidad y lo importante es descubrir sus causas.
Cuando surge algún problema tomamos medicamentos para acallar las señales que el cuerpo emite y no nos damos cuenta que con sólo estirarnos, relajarnos, vivir conscientes, rehusando influencias negativas, respirando de una manera lenta y controlada, con una alimentación sana y natural, podemos restablecer la salud y prevenir la enfermedad.
Pues bien, el yoga consiste en aplicar una serie de técnicas que nos ayudan a obtener esa salud plena. Estas técnicas consisten en ejercicios de relajación, asanas o posiciones corporales, pranayama o ejercicios de control respiratorio y técnicas de interiorización y concentración que nos conducen a una total plenitud.
A través del Yoga trabajamos todas las partes del cuerpo. Estiramos, flexionamos, giramos, encogemos, activamos la circulación, regulamos el sistema endocrino, bañamos de sangre los distintos órganos... Aliviamos el estrés, la ansiedad, la angustia y los miedos. Es un buen antídoto contra las enfermedades.
Cuando finalizas tu sesión, te encuentras relajado, lleno de energía, disfrutando de un estado de serenidad que aporta calidad de vida.
Existen diferentes motivaciones por las que puedes acercarte a practicar yoga, sin que importe tu edad o condición física, pero su verdadera meta es el auto-conocimiento. Es muy posible que te sientas atraído porque crees que evitarás dolores, te mantendrás en forma, flexible, delgado..., pero después descubres que hay mucho más. Cada día te sientes más activo, gozas de mejor salud y notas un profundo efecto espiritual que te ayuda a cultivar la serenidad y a vivir en paz.
Desde mi experiencia no puedo dejar de recomendar la práctica del yoga. Estoy segura del gran beneficio que puede aportarte. Sólo podemos conseguir la felicidad sobre una estructura sana. Si logras estar sano de cuerpo y de mente y sentirte en paz contigo mismo, podrás emanar serenidad, calma y amor hacia los que te rodean, en definitiva, podrás emanar salud.
- En el Reino Unido mueren 800 millones de animales anualmente para fines de consumo humano.
- El metano emitido por el ganado contribuye el efecto invernadero.
- La ganadería hace un uso ineficiente de recursos limitados. Se requieren de aproximadamente 10 kilos de proteína vegetal para producir un kilo de proteína animal. Mientras que se requieren de 900 litros de agua para producir un kilo de trigo, 100.000 litros de agua son necesarios para producir un kilo de carne.
- Millones de personas sufren de hambre y sed en países en vías de desarrollo mientras que grandes cantidades de grano y agua alimentan al ganado de los países desarrollados.
- Millones de hectáreas de selva tropical son destruidas cada año para crear áreas de pastizaje. Esto acaba con flora, fauna y pone en peligro a poblaciones indígenas.
- La sobreexplotación de vida marina ha dejado en peligro de extinción a muchas especies. Muchos delfines y ballenas mueren ahogadas dentro de las redes pesqueras.
- El suelo sufre de erosión y desgaste debido a la ganadería.
- La mortandad por enfermedades del corazón es 30% menor en personas vegetarianas y tienen un riesgo 40% de contraer algunos tipos de cáncer.
- Alrededor del 90% de los casos de envenenamiento en Inglaterra están relacionados al consumo de productos animales.
Hace casi dos años, decidí que mis hijos no iban a mirar más televisión. Sí, lo leíste bien. No más televisión. En aquel entonces, no tuve ni idea cuánto afectaría y cambiaría nuestras vidas. Hoy sé que fue una de las mejores decisiones que jamás hice, pero no ha sido fácil.
Una tarde de noviembre -temporada alta para las listas de deseos- oí a mi hija, entonces de tres años, decir "quiero esto" viendo algún pedazo de plástico rosado anunciado en la televisión. Mi hijo de cinco, demasiado generoso, volvió hacia ella y dijo, "OK, lo puedes tener." Entonces supe que los anuncios tuvieron que irse.
Así que hice la proclamación que no íbamos a ver más televisión. "Si quieren mirar algo," dije, "tiene que ser un video." Entonces vinieron los argumentos de que video mirar, y la proclamación se cambió a: "Si quieren mirar un video, tienen que escogerlo juntos." Pronto, dejaron de pedir videos completamente.
Entonces comencé a ver cambios en nuestro estilo de vida. Al principio fueron sutiles. Mis hijos comenzaron a jugar juntos más y pelear menos. En vez de actuar escenas de películas conocidas o programas de televisión, comenzaron a crear sus propias historias. Mi hijo tuvo menos berrinches. Vivimos una semana entera sin la televisión - y no nos hizo falta.
Recuerden, nunca fui fanática en eso. Si mis hijos estuvieron enfermos, o si el tiempo fue horrible por largo rato, miramos un video. Y este invierno, cuando hizo mucho frío, alquilamos una película como familia, y mis hijos pensaron que fue lo mejor que habíamos hecho durante meses.
Aparentemente, mis experiencias al limitar las horas de televisión son apoyadas por muchos expertos del desarrollo durante la niñez, quienes están de acuerdo en decir que los niños deben mirar menos televisión. Un estudio reciente dirigido por Dr. Dimitri Christakis, un investigador en el Hospital de Niños y Centro Médico Regional en Seattle, expone que la rapidez del cambio de las imágenes en la televisión causa una respuesta tan rápida en el cerebro de un niño que cambia su actividad cerebral después de estar expuestos por un periodo prolongado. Como resultado, explica Christakis, los niños que miran mucha televisión tienen mayor posibilidad de presentar problemas de atención.
Claro, yo no sabía nada de esto cuando corté la televisión en nuestra casa. Pero los cambios que he visto ciertamente apoyan las conclusiones de estas investigaciones. También lo apoyan los comentarios de otros padres (y el hombre en la tienda de videos) quienes lamentan que los niños de hoy parecen no poder sentarse a mirar las películas más viejas porque son tan 'lentas' y no los mantienen atentos. Ahora que la televisión es algo especial en mi casa, mis hijos se fascinan con ella. Pueden mirar las películas para niños más viejas y más lentas con ojos radiantes de asombro y maravilla.
Otros beneficios salieron también. Mis hijos no se interesan en las modas pasajeras como antes cuando vieron todos los anuncios en la televisión cada tarde. Saben lo que hay - escuchan de los juguetes, comida, y moda de sus amigos - pero parece que no les importa. Ahora, cuando hablan de algo que quieren, sé que los motiva algo más importante que un inteligente plan de mercadeo.
Más importante, siento que, de alguna forma, protejo a mis hijos. Las noticias no son para los niños. Las tribulaciones del mundo los encontrarán con tiempo suficiente. Por un tiempo - sólo un tiempito - quiero que estén protegidos de los conceptos muy adultos de guerra, crimen, odio y sexo. No podré mantener el mundo a raya para siempre, pero quizás lograremos pasar por el pre-escolar y primer grado.
Siempre fui una madre muy vigilante con la televisión. Casi todo lo que miraron mis hijos fue lo que llaman "programas educativos." Ahora sé que usé los programas como una muleta. Cuando quería hablar por teléfono, leer un libro, o cocinar sin la "ayuda" de mis hijos, tenía la televisión para mantenerlos quietos.
Cuando desenchufé al cuidador de los niños, tuve que buscar un nuevo plan. El que encontré fue sencillo: fomentar el juego de tiempos pasados. Sí, así mismo. Jugar sin estructura, súper-sucio y desordenado, sin instrucciones. No llenamos el tiempo con lecciones; montamos una mesa de arte con libros para colorear y cantidades de papel blanco. Ahora sus imaginaciones dominan.
Mi hija vive como una princesa en un mundo rosado. Un mundo lleno de muñecas y aventuras de su invención donde ella es la más inteligente y más hermosa niña en el mundo. Mi hijo vive en la tierra de LEGO, un territorio pequeño con una frontera al país de las patinetas.
El patio de atrás es una jungla o un océano o un volcán, completo con cataratas (de la manguera) y pasteles de fango. Pintamos y pegamos. Construimos comederos para los pájaros y atrapamos bichos y buscamos lombrices. Sí, lavo mucha, mucha ropa.
¡No puedo esperar el verano! Sé que usaremos más spray para quitar bichos que el vecindario entero - porque estaremos afuera contando flores, criando vegetales y mirando para ver cuanto tiempo necesitan las hormigas para encontrar las migajas. Mi casa estará sucia, mis hijos también. Pero seremos una familia más unida y activa.
No sé si la regla de no-televisión serviría para otros. Pero sí sirve para nosotros. Descanso por la noche al pensar que mis hijos crean memorias que no tienen nada que ver con lo que está haciendo la caricatura más popular. Y descanso por la noche al pensar que tanto ellos como yo estamos cansados. Y es bueno sentirse así.
Greer Bowen Beaty es una madre trabajadora con dos niños y vive en Cary, Carolina del Norte, EEUU.
Un hombre que tenía un grave problema de miopía se consideraba un experto en evaluación de arte. Un día visitó un museo con algunos amigos. Se le olvidaron los lentes en su casa y no podía ver los cuadros con claridad, pero eso no lo detuvo de ventilar sus fuertes opiniones.
Tan pronto entraron a la galería, comenzó a criticar las diferentes pinturas. Al detenerse ante lo que pensaba era un retrato de cuerpo entero, empezó a criticarlo. Con aire de superioridad dijo: "El marco es completamente inadecuado para el cuadro. El hombre está vestido en una forma muy ordinaria y andrajosa. En realidad, el artista cometió un error imperdonable al seleccionar un sujeto tan vulgar y sucio para su retrato. Es una falta de respeto".
El hombre siguió su parloteo sin parar hasta que su esposa logró llegar hasta él entre la multitud y lo apartó discretamente para decirle en voz baja: "¡Querido, estás mirando un espejo!".
Muchas veces nuestras propias faltas, las cuales tardamos en reconocer y admitir, parecen muy grandes cuando las vemos en los demás. Debemos mirarnos en el espejo más a menudo, observar bien para detectarlas, y tener el valor moral de corregirlas; es más fácil de negarlas que reconocerlas. Por eso es necesario hacer a un lado el orgullo pues solo con humildad podremos ver nuestros defectos y corregirlos.
“El que encubre sus faltas no prosperará, más el que las admite y se aparta alcanzará misericordia”
Las judías aduki son muy comunes en la cocina japonesa. Éste es un plato macrobiótico, excelente con un acompañamiento de arroz o mijo.
Para 4-6 personas
175 g de judías aduki remojadas
2 hojas de laurel (opcional)
90 ml de agua
300 g de calabaza confitera o vinatera, pelada, sin semillas y cortada en dados
1 zanahoria en cuadritos o en rodajas
½ cucharadita de tomillo seco
1 cucharadita de ajedrea seca (opcional)
2-4 cucharadas de miso
Preparación:
Escurrir las judías y ponerlas en una cazuela con el laurel, si se usa, y el agua. Cocer a fuego medio unos 40 minutos, hasta que estén casi tiernas, añadiendo más agua si fuera necesario.
Agregar la calabaza, la zanahoria, el tomillo y la ajedrea, si se usa. Proseguir la cocción 20 minutos más, removiendo de vez en cuando, hasta que todo se ablande. El cocido debe quedar bastante seco. Retirar la cazuela del fuego, añadir el miso y servir.
Nota: Omitir el laurel y añadir 15 g de hijiki remojado junto con las hortalizas.