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Cuento para meditar

EL BIBLIOTECARIO

Muy joven empezó a hacerse las preguntas esenciales de la vida... ¿Quién soy yo? ¿Qué hago aquí? ¿De donde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cual es el objetivo de mi vida? Pero, ni los estudios ni los libros ni nadie podía darle las
respuestas tan ansiadas... Por lo tanto, él decidió dedicar toda su vida a investigar el Origen de todo, la Causa de todo cuanto existe...

Así pasaron los años... en una infinita búsqueda por la Verdad Absoluta. Por ello no quiso estudiar profesión alguna para dedicarse solamente a investigar aquel Enigma, y se encerró en casa, solitario y sin amigos, y muy determinado pues no había tiempo que perder... Solo, con sus libros y anotaciones que fueron nutriéndole minuto a minuto de una gran sabiduría.

Cuando llegó el momento de trabajar sintió la bendición del Gran Destino al ser aceptado como el Bibliotecario de la gran ciudad, pues estaría en el lugar ideal para continuar con sus estudios y descubrimientos. Y cuando sus padres murieron y él se hizo viejo, cuando llegó el momento de su jubilación, se encerró por fin en aquel cuartito del segundo piso de ese gran caserón donde había crecido junto a sus hermanos quienes aún vivían
allí con sus mujeres, hijos y nietos.

Su pequeño cuarto era como una biblioteca, llena de libros por los estantes y por el par de mesas que había heredado. Apenas había espacio para moverse... Libros por doquier... empilados hasta cubrir casi toda la puerta
y la única ventana...

De pronto, una noche de luna llena, se sintió muy triste de repente... muy triste... pues nuevas preguntas lo asaltaron y afligieron terriblemente ¿Pero qué estoy haciendo? ¿Qué he hecho y que estoy haciendo de mi vida? ¿Qué estoy logrando? Y se sintió vacío, tan vacío como el primer momento en que le asaltaron aquellas primeras preguntas esenciales... Muy atormentado
por estos nuevos sentimientos salió al balcón que da al patio del gran caserón y vio en el pequeño jardín a sus bellos sobrinos nietos que jugaban y gritaban sin cesar... Fue una visión alucinante... como si por primera vez
los estuviera viendo, como si recién estuviera descubriendo ese mundo de la familia y el amor... Y su corazón empezó a palpitarle tan fuerte que temió no resistir la emoción de presenciar tan sencillo descubrimiento...

- ¡El abuelo! ¡El abuelo! -gritó uno de los niños- ¡Es el abuelo! -y subió corriendo hacia él para colgarse de sus piernas, pues era muy inusual que el bibliotecario saliera de su pieza, tan inusual que aquel niño no pudo evitar
su espontánea alegría de subir a saludarlo... El abuelo apenas pudo tomar el brazo del pequeño y cargarlo... Las lágrimas le corrían por las mejillas...
Era como si por fin hubiera despertado, como si recién tomara conciencia de los verdaderos acontecimientos... ¡Tantos años de su vida sólo entre libros y reflexiones! ¡Sólo entre anotaciones y análisis! ¡Entre los infinitos
juegos de su mente, que vio con horror lo que nunca siquiera había imaginado! ¡Que nunca había amado a nadie! ¡Y que tampoco lo habían amado a él! ¡Y ahora, recién sentía que el Amor lo era Todo! ¡El Amor era lo más importante de todo! ¡El amor era más importante que cualquier tipo de conocimiento o incluso que cualquier tipo de poder! ¡Era el Amor, el Amor la fuente de la felicidad, de la belleza, de la pureza y de todo! ¡El Amor! ¡El Amor! ¡Y Dios Mismo era el Amor Supremo! ¡Y él, estúpidamente lo había estado buscando toda su vida entre los libros y no en el corazón!

- ¡Dios mío! -exclamó- ¡Dios mío, perdóname por haberte dado la espalda! ¡Perdóname por no haber sentido Tu creación llena de amor! ¡Perdóname por no haberte orado nunca! ¡Haz que no sea tarde para aprender a amarte a Ti y a los demás!

Por: Ganga G. Dasi
Medellín-Colombia


 
 
 
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